El flujo de efectivo es una de las mayores preocupaciones de cualquier PyME.
Cobrar a 30, 60 o 90 días mientras tienes que pagar nómina, proveedores y renta hoy es una realidad común. El crédito de capital de trabajo ayuda a cubrir
esa brecha, pero existen dos modalidades principales.
Crédito simple
Recibes un monto definido y lo pagas en un plazo establecido, con pagos periódicos.
Es útil cuando:
• Tienes una necesidad puntual, como comprar inventario para una temporada o financiar un proyecto específico.
• Prefieres pagos predecibles.
• Sabes exactamente cuánto necesitas.
Crédito revolvente
Cuentas con una línea de crédito disponible. Dispones de lo que necesites, lo pagas y puedes volver a usarlo mientras la línea esté vigente.
Es útil cuando:
• Tu flujo de efectivo tiene altibajos.
• Necesitas flexibilidad para cubrir imprevistos.
• Quieres pagar intereses solo por lo que realmente utilizas.
¿Cómo elegir?
Hazte tres preguntas:
4. ¿Mi necesidad es puntual o recurrente? Lo puntual suele ir con crédito simple; lo recurrente, con revolvente.
5. ¿Qué tan variable es mi flujo? A más variabilidad, más valor aporta la flexibilidad.
6. ¿Qué pago mensual puedo sostener con tranquilidad? Endeudarte más allá de tu capacidad de pago nunca es buena idea, sin importar el tipo de crédito.
Un financiamiento a la medida
No existe una opción universal. En MML Legacy Capital entendemos cómo opera tu negocio, evaluamos alternativas y te las explicamos con claridad para que elijas la que realmente impulse tu empresa.
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